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Juramento antimodernista

Yo, Ramón Mollá, abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia Católica, en adelante La Iglesia, por su magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.

En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la creación, como la causa por su efecto.

En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.

En tercer lugar, creo también con fe firme que La Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante su vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre sus sucesores hasta el fin de los tiempos.

En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, siempre con el mismo sentido y la misma interpretación. Por esto rechazo absolutamente la suposición herética de la evolución de los dogmas, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el depósito divino confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

En quinto lugar: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades del subconsciente, bajo el impulso del corazón y el movimiento de la voluntad moralmente informada, sino que un verdadero asentimiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente, asentimiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Señor. Más aún, con la debida reverencia, me someto y adhiero con todo mi corazón a las condenaciones, declaraciones y todas las prescripciones contenidas en la encíclica Pascendi y en el decreto Lamentabili, especialmente aquellas concernientes a lo que se conoce como la historia de los dogmas.

Rechazo asimismo el error de aquellos que dicen que la fe sostenida por la Iglesia contradice a la historia, y que los dogmas católicos, en el sentido en que ahora se entienden, son irreconciliables con una visión más realista de los orígenes de la religión cristiana.

Condeno y rechazo la opinión de aquellos que dicen que un cristiano bien educado asume una doble personalidad, la de un creyente y al mismo tiempo la de un historiador, como si fuera permisible para una historiador sostener cosas que contradigan la fe del creyente, o establecer premisas las cuales, provisto que no haya una negación directa de los dogmas, llevarían a la conclusión de que los dogmas son o bien falsos, o bien dudosos.

Repruebo también el método de juzgar e interpretar la Sagrada Escritura que, apartándose de la tradición de la Iglesia, la analogía de la fe, y las normas de la Sede Apostólica, abraza los errores de los racionalistas y licenciosamiente y sin prudencia abrazan la crítica textual como la única y suprema norma.

Rechazo también la opinión de aquellos que sostienen que un profesor enseñando o escribiendo acerca de una materia histórico-teológica debiera primero poner a un costado cualquier opinión preconcebida acerca del origen sobrenatural de la tradición católica o acerca de la promesa divina de preservar por siempre toda la verdad revelada; y de que deberían interpretar los escritos de cada uno de los Padres solamente por medio de principios científicos, excluyendo toda autoridad sagrada, y con la misma libertad de juicio que es común en la investigación de todos los documentos históricos ordinarios.

Declaro estar completamente opuesto al error de los modernistas que sostienen que no hay nada divino en la sagrada tradición; o, lo que es mucho peor, decir que la hay, pero en un sentido panteísta, con el resultado de que no quedaría nada más que este simple hecho—uno a ser puesto a la par con los hechos ordinarios de la historia, a saber, el hecho de que un grupo de hombres por su propia labor, capacidad y talento han continuado durante las edades subsecuentes una escuela comenzada por Cristo y sus apóstoles.

Prometo que he de sostener todos estos artículos fiel, entera y sinceramente, y que he de guardarlos inviolados, sin desviarme de ellos en la enseñanza o en ninguna otra manera de escrito o de palabra. Esto prometo, así me ayude Dios, y estos santos Evangelios

2 julio, 2012
 
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La hipótesis Salamanca

Tras la caída del meteorito Armagedón, un meteorito de dimensiones colosales que barrió la Tierra con terremotos y maremotos de dimensiones nunca antes vistas, se han borrado los vestigios de la civilización anterior. Todos los contenidos digitales desaparecieron.

En el siglo 30 unos arqueólogos descubren placas de carretera en las que aparece la palabra “Salamanca” junto con un número a la derecha. Dadas las posiciones en las que se encontraron, sus orientaciones y los números, triangulando, siempre aparece de forma coherente y evidente un punto sobre el mapa, que actualmente corresponde a un punto bastante profundo dentro del gran lago de agua salada que se formó en la meseta norte española tras el paso de la “gran ola”.

¿Deberíamos pensar que Salamanca nunca existió porque no hemos encontrado nada o porque está sepultada bajo un mar interior salado y metros de lodos?

A Dios nadie lo ha visto ni tocado, pero existen los milagros eucarísticos, los relatos evangélicos, el testimonio de los hombres que prefirieron morir martirizados a renegar de la realidad en la que creían firmemente, tantas y tantas evidencias de que Dios existe y es real que es francamente más fácil creer que Dios existe a que existan los OVNIs, y sin embargo hay gente que cree en los OVNIs pero no en Dios.

2 mayo, 2012
 
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No vino a la fiesta

El otro día fui a una fiesta y, una vez allí, busqué a un amigo que me han dicho que iría. La sala era grande y estaba abarrotada de gente. Tras varias vueltas no conseguí contactar con él. Cansado de tanto buscar me marché pensando “no ha venido”. Si lo pienso bien, en realidad no sé si fue o no fue; sé que no le vi, pero no podría afirmar con total seguridad que no estaba. Quizás no llegamos a cruzarnos, o llegó después de irme yo… Tal vez le pasó lo mismo que a mi, llegó, me buscó, no me encontró y se marchó.

Pues eso es justamente lo que dicen los ateos: “Dios no existe” (“No fue”) y además “es imposible que exista” (“Es imposible que fuera, porque no le vi”).

Un ataque común a los católicos es decir que somos dogmáticos, cuando resulta que el ateo lo es más aún, y doblemente: “Dios ni existe ni puede existir”.

Decía Chesterton que “El ateísmo es el mas atrevido de los dogmas, porque es la afirmación de un negativo universal”.

2 mayo, 2012
 
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El Credo del Incrédulo

El jesuita Leonardo Castellani, genio y figura argentino, confeccionó este famoso

Credo del Incrédulo

Creo en la Nada Todocreadora, que creó el Cielo y la Tierra.
Y en el Homo Sápiens su único Hijo Rey y Señor,
Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de Santa Materia.
Bregó bajo la oscuridad de la Edad Media.
Fue inquisionado, muerto achicharrado.
Cayó en la Miseria.
Inventó la Ciencia.
Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia,
Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el libre pensante,
La Civilización de la Máquina,
La Inexistencia del pecado,
El Progreso inevitable,
La rehabilitación de la Carne.
Y la Vida Confortable.
Amén

Ya lo dijo Chesterton: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier  cosa”.

2 mayo, 2012
 
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